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Diario YA


 

YA NO SÉ SI SOY DE LOS NUESTROS

MANUEL PARRA CELAYA  La frase es histórica: la escuché en el tardofranquismo de un aspirante a político, y con ella quería expresar el hombre la perplejidad que sentía ante el confuso panorama de cambios de chaqueta, de apariciones fulgurantes y de los consiguientes ocasos silentes que tenían lugar en aquellos momentos.Me imagino que se la estarán repitiendo ahora, en otras circunstancias y por diferentes causas, muchos españoles de buena fe que han venido asistiendo al proceso llamado primera y que ahora quiere desembocar en una segunda, para dar paso a una tercera, dicho sea sin la menor intención de aludir al republicanismo in péctore y, mucho menos, a esa tercera república que proponía Salvador de Madariaga, que sería tachado de facha en estos días sin duda alguna.

 

LA RESPONSABILIDAD DE LAS GENERACIONES

Manuel Parra Celaya. Anda uno de mis hijos empeñado de hoz y de coz en conocer a sus ancestros más lejanos. Con pericia informática -que envidio- y con suma paciencia, rastrea en Internet reseñas de periódicos de antaño, amarillentas fotografías y fondos de archivo de todo tipo a la búsqueda de datos, y, poco a poco, va desvelando las sagas familiares.

HACIA UN NUEVO FEUDALISMO

Manuel Parra Celaya. Las voces más agoreras afirman que, con esta Segunda Transición que ha comenzado y nadie sabe cómo ha sido, vamos directos a una III República, nada que ver, por supuesto, con aquella que preconizaba Salvador de Madariaga en su Anarquía o Jerarquía, sino como continuación, pura y simple, de la que nació el febrero de 1936, verdadero golpe de Estado contra la de abril del 31. No estoy tan seguro de esta deriva republicana de inmediato, por más que fuera el sonsonete en los mítines del PSOE en la Primera Transición (España mañana será republicana, ¿recuerdan?) y por más que esté en el ADN de las chicas (y chicos) podemitas. Hacia donde caminamos, de manera indefectible, es hacia un neofeudalismo, dotado de los ingredientes más aborrecibles de aquel que comenzaron a hacer polvo los Reyes Católicos. Me explicaré.

APUESTA POR UNA NUEVA LIRA

Manuel Parra Celaya.  Aparentemente, es ensordecedor el alboroto que forman los silbidos de llamada a la disgregación que lanzan a diario los genios que se esconden bajo los hongos de cada aldea. Así, da la impresión postiza de que muy pocos españoles son conscientes de serlo, y que solo una exigua minoría es capaz de pensar en España como en un todo indivisible, producto del esfuerzo de muchas generaciones que nos han precedido.

NUEVA PSICOLOGÍA DE LAS EDADES

De papás-colegas, mamás superprotectoras y maestros amedrentados

MANUEL PARRA CELAYA. Decía Gregorio Marañón que el deber de los niños es la obediencia; el de la juventud, la rebeldía; el de la madurez, la austeridad, y el de a vejez, la adaptación. A estas alturas de la película, creo que la frase ha quedado desfasada, pues, si bien la tradicional Psicología de las Edades corroboraba el aserto de D. Gregorio, la imbricación de esta con la Sociología, que forma ese ensamblado sin límites concretos de la Psicosociología actual, lo ha dejado para los restos.

Todas las naciones sufren hogaño la embestida talibán, cada una en su propia carne y en su propia historia

LA FURIA DE LOS TALIBANES

Manuel Parra Celaya. Un vendaval iconoclasta de extiende, como otra pandemia, por todos aquellos territorios que, de una u otra forma, deben su esencia, y aun su misma existencia, a la cultura occidental; cultura que, como todas las obras humanas, tiene sus luces, sus sombras y sus claroscuros, pero que, mediante un ejercicio de constante depuración -a diferencia de otras culturas-, es capaz de potenciar las primeras, eliminar las segundas y dar mejor luz y tonalidad a las terceras. Por lo menos, en esto último confiamos para superar, no solo el Covid 19 y sus consecuencias, sino tantas y tantas cosas de las que discrepamos en conciencia y que nos desazonan a diario.

¿QUÉ ESCUELA SALDRÁ DE ESTA CRISIS?

MANUEL PARRA CELAYA   No sé por qué extraña asociación de ideas me ha venido el recuerdo de lejanos días, en la década de los 50 del pasado siglo, cuando las clases se interrumpían para que los niños de entonces bebiéramos un vaso de leche y un comiéramos un trozo de queso amarillento, obsequio del amigo americano, a modo de Plan Marshall de consolación. Aquella leche en polvo se hervía en las vetustas cocinas de la escuela y se repartía por las aulas, para lo cual se nos entregaba un vaso de duro plástico -y peor olor- que luego había que lavar a conciencia. Toda esta operación implicaba una distribución rotativa de tareas, bajo supervisión del maestro, unos servicios organizados y designados por uno de nosotros, a modo de furrielato escolar.

HILANDO FINO: las palabras de un idioma pueden cambiar de sentido con el transcurso del tiempo

Manuel Parra Celaya.  Es sabido que las palabras de un idioma pueden cambiar de sentido con el transcurso del tiempo; un término puede dejar de representar un concepto y adquirir una significación distinta, cuando no opuesta, a la original. En ocasiones, esto origina que una palabra llegue a ser polivalente, según las ideas previas, el contexto o la intención de quien la emplea.

NANAS AGITADORAS: la táctica es la misma: el viejo lema de acción-represión-victimismo-acción

Manuel Parra Celaya. ¡Vaya oxímoron el que precede a estas líneas! Porque las nanas, los dulces cantos de las madres se entonan para sosegar, adormecer, a los pequeños, no para agitarlos y desvelarlos. No obstante, en los hechos a los que me refiero, los cantos -llamémosles estrategias- parecen tener una intención inquietante, y se musitan al compás de movimientos acaso no perceptibles de las cunas. ¿Hay manos que mecen las cunas? He acudido al plural pues me cuesta creer que los estadillos de violencia y agitación como a los que asistimos en nuestro mundo obedezcan a un impulso único, a las órdenes de un extraño poder que marca cuándo deben arder las calles de Hong Kong, de París, de Barcelona, de Quito o de La Paz.

SINGULARIDADES Y EXCLUSIONES

Manuel Parra Celaya. Líbreme, Dios de motejar de rarezas a determinadas posturas, porque, quien más, quien menos,  todos observamos fielmente entre nuestras costumbres, prácticas o preferencias algunos aspectos que chocarían al común de las gentes. Así, uno respeta en su fuero interno aquellas prácticas o pensamientos ajenos por muy extrañas que le parezcan, siempre y cuando no perjudiquen a valores o bienes superiores, y se cuida mucho de menospreciar la dignidad personal de sus usuarios.  Cuando considera alguna de estas singularidades de tono más estrafalario, se limita a dar gracias por no haberse dejado atraer por ellas y se consuela con el viejo dicho de hay quien le da por chupar candados…