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Diario YA


 

“La imprudencia suele preceder a la calamidad.” Apiano de Alejandría.

¿Móvil World Congress, afrontando el peligro del Corona Virus?

Miguel Massanet Bosch
Sin duda, Barcelona se encuentra ante un dilema, un grave dilema diríamos nosotros que, quieran o no, nos recuerda a aquella impactante película, “Tiburón”, de Steven Spielberg, que hace ya 40 años se convirtió en uno de los mayores éxitos cinematográficos y también de taquilla; la lectura de cuyo guion nos hace recordar una situación parecida, en líneas generales, a la que tendrán que afrontar los organizadores de este magno festival del móvil, programado para celebrarse en la ciudad de Barcelona. Un problema de ética, un enfrentamiento entre los intereses económicos de la ciudad y sus habitantes, frente a la amenaza de que los cientos de miles de visitantes, empleados, técnicos, clientes, empresarios y demás miembros de esta gran familia de las nuevas técnicas de comunicación, en constante progreso, pudieran ser un factor de peligro, un posible desencadenante o un latente riesgo de que, en Barcelona y el resto de Cataluña, alguno de los presuntamente afectados por el corona virus que, incluso sin saberlo, pudiera contaminar con su sola presencia a una serie de los asistentes que, involuntariamente acabaran por ser el origen de una pandemia que, como sabemos, es muy difícil de momento controlarla con eficacia, dado que todavía no se ha encontrado un remedio o una vacuna capaz de neutralizar los efectos dañinos de esta nueva enfermedad.
Todos recordamos aquellos duros enfrentamientos entre el responsable de la seguridad de la playa de aquella ciudad costera y el alcalde de la misma y sus ediles, preocupados por el impacto económico que para los negocios de aquella ciudad de turismo veraniego, representaría la amenaza de que hubiera un monstruoso tiburón capaz de crear el terror en toda la zona. Independientemente de la habilidad de los protagonistas para crear el ambiente de tensión que, en todo momento de la película, busca Spielberg; lo que verdaderamente se estaba poniendo en cuestión, aparte de los detalles truculentos de la cinta, era la cuestión de lo que, en definitiva, iba a prevalecer en aquella disputa entre la preservación de los intereses de los comerciantes y el evidente peligro que, para los bañistas, representaba que un tiburón hambriento circulara por los alrededores de aquella zona marítima. Ambas partes tenían sus argumentos y ambas partes sabían que, si fracasaban y se demostraba que estuvieron equivocadas en sus pronósticos, su futuro estaba en entredicho.
En la película tiburón tuvo que producirse la evidencia, en forma de repetidos ataques de la bestia marina, para que se impusiera el sentido común, aunque a costa de una serie de víctimas que posiblemente hubieran podido evitarse si las autoridades de la ciudad hubieran recapacitado a tiempo. Evidentemente, en este caso la película ya no hubiera tenido razón de ser y todo el maravilloso suspense de aquella cinta de emociones encontradas y momentos de álgido terror, no hubieran sido posibles. No obstante, si volvemos al tema que nos ocupa, nos preocupa algo que hoy hemos leído en el periódico La Vanguardia, de Barcelona, en un artículo firmado por David Guerrero y Francesc Bracero que titulan “El Móbile se conjura contra le epidemia de miedo al virus”. A veces cuando en Derecho se habla de preterintencionalidad en ocasión de la comisión de un delito, se refiere a que el supuesto autor no tenía como fin la intención o no tuvo en cuenta la posibilidad de que el mal que causó fuera de semejante magnitud. Creemos que, en este caso, ha sucedido algo parecido.
¿A qué se estarán refiriendo, estos periodistas, cuando dan a entender que, los responsables de la organización del Mobile World Congress, se “conjuraron”? ¿Es posible que todos estos señores que saben que se están jugando millones de euros de beneficios decidieran actuar, como el alcalde de la cinta Tiburón, escondiendo las posibilidades (nada ficticias) de que la reunión de tantos miles de personas en un evento de tal magnitud propiciara que, solamente con la presencia de una persona contagiada se pudiera crear un peligro de contagio incontrolable? Verán, no sabemos si el término empleado en el título del mencionado artículo se utilizó con conocimiento de causa o si fue una expresión solamente destinada a causar impacto en los lectores, pero es evidente que “conjurar” tiene significados poco tranquilizadores pera aquellos que saben usar el diccionario de la Lengua. Por ejemplo, su acepción 2ª) habla de “Conspirar uniéndose muchas personas o cosas, contra alguien, para hacerle daño o perderle”; pero es que, en su acepción 6ª) nos dice que tiene un significado de “Impedir, alejar, evitar un daño o peligro”. En cualquier caso se da a entender que existe un propósito, por parte de los responsables del evento, de intentar hacer lo necesario para ocultar el evidente peligro que existe de que se produzca un contagio masivo, como sucede en cualquier evento en el que se reúnan un gran número de personas, agravado en esta ocasión por el hecho irrefutable de que existe la pandemia, de que no se puede controlar o, en todo caso, intentar aislar y el hecho preocupante de que no hay, todavía, un medicamente que pueda garantizar evitar el contagio y que, sin duda, la más elemental prudencia aconsejaría que este congreso se aplazara para una ocasión más propicia.
No nos gustaría que, simplemente, para que un sector de producción, todo lo importante que se quiera, pudiera celebrarse en el tiempo convenido, tuviera que imponerse,  por una imprudencia o una hipo-valoración de las posibilidades de contagio del virus, en toda Barcelona o toda Cataluña, con el sector del turismo al frente, una cuarentena sanitaria a toda la comunidad que comportara una crisis económica de una magnitud, tan importante, que pusiera en peligro la normalidad y la salud de una región tan importante, para España, como es la comunidad catalana. Estamos viendo como el sentido común se va imponiendo en muchos de los participantes que tenían previsto acudir al congreso, que han desistido de hacerlo en base a la posibilidad de que, por mucho que se quiera tranquilizar a los futuros asistente, la verdad es que no hay quien, en estos momentos, esté en condiciones de poder garantizar que no existe peligro alguno.
En todo caso, hay autoridades en España y Cataluña con capacidad de poner los límites a la actividad privada de empresas ubicadas en Cataluña, para que puedan decidir sobre la idoneidad o el peligro de que, una masiva concentración de personas venidas de muy distintos orígenes y procedencias, pueda entrañar el peligro de que fuera imposible detectar a cualquiera de ellas que hubiera tenido un contacto, aunque hubiera sido meramente casual, con una persona que estuviera afectada por este virus tan peligroso. Hay ocasiones en las que se debe reconocer que, la humanidad, no está lo suficientemente preparada para defenderse de estas mutaciones que son capaces de hacer los virus que, posiblemente, en estados anteriores no hubieran sido peligros pero que, como sucede con el corona virus, se han convertido en verdaderos azotes para los países en los que se ha expandido.
O así es como, señores, desde la óptica de un simple ciudadano de a pie, nos parece que, cuando se está ante una situación que amenaza, no sólo en Cataluña, sino en todo el resto de España, de que se pueda convertir en un verdadero azote para la salud de tantos millones de ciudadanos; cualquier interés de tipo material, por importante que fuera, debería quedar superado por el interés común que, en este caso, sin duda alguna es el de salvaguardar la salud de todos los españoles.