Home

Diario YA


 

El gobierno tiene pánico a los datos sobre el Covi-19 que puedan dar los nuevos test que se están aplicando

Escrivá divagando sobre la renta mínima vital y otras maldades

Miguel Massanet Bosch.. Cualquiera que escuchase desde otro país, que no fuera el nuestro, la verborrea adormecedora de nuestros ministros, sus comentarios sobre sus proyectos económicos; sus remedios mal programados para solucionar, de un tacazo, la pobreza en España; sus circunloquios para esconder los fallos garrafales que se esconden detrás de cada una de sus actuaciones; la carencia de un proyecto bien definido acerca de cómo se las van a arreglar para sacar al país de la penosa situación económica, social y financiera en la que va a quedar (de hecho ya lo está empezando a hacer), una vez consigamos acabar con esta pandemia que, todavía, a estas alturas no hay nadie que se atreva a pronosticar cuándo empezará a remitir y cuál va a ser el resultado de los meses en los que toda España ha estado paralizada y con la población enjaulada por miedo al contagio del virus.
Y estando en este impasse en el que nos encontramos, nos resulta incomprensible, como si alguien nos quisiera tomar el pelo contándonos una historia de hadas en la que los poderes del “hada madrina” permitieran al ejecutivo olvidarse de la situación real del país, para intentar llevar a la práctica una política de ayudas, de subvenciones, de salarios básicos, de menos paro, de desarrollo industrial etc., como si España fuera ajena, no solamente a sus propios problemas internos, sino incluso a los que afectan al resto de nuestra comunidad europea de los que, por mucho que queramos olvidarnos, es evidente que es imposible desentendernos.
Sin olvidarnos de la grave amenaza representada por los intentos del señor Pablo Iglesias, de convertir la pandemia de coronavirus que estamos padeciendo,  en lo que fue la Revolución Bolchevique de 1917 y sus consecuencias para el resto del mundo, empeñado en su sectaria pretensión de convertir nuestra democracia en algo parecido a aquellas economías estatalizadas, demagógicas, opresoras e inviables, desde el punto de vista de la economía y de las libertades personales, intentando que nos parezcamos  a aquellas naciones supeditadas al poder del Kominform soviético de detrás del llamado “telón de acero”, metafóricamente representado por el famoso “muro de Berlín”; como si, en España, se estuviera en las mismas condiciones en las que el pueblo ruso se encontraba en aquellos últimos años del zarismo ruso y no fuéramos, en realidad, una de las cinco potencias de la CE, más adelantadas, una democracia en progreso y resurgimiento económico y social, aunque es verdad que todo ello fue hasta que llegaron los suyos, los de Podemos, a sembrar la cizaña comunista que nos ha llevado a que ahora, bajo la dirección de este gobierno filocomunista, estemos en camino de convertirnos en algo parecido a aquellas repúblicas bananeras de Latinoamérica. Y, lo peor, es que no se observa una reacción organizada ante esta deriva hacia el desastre nacional que, hasta los menos enterados, ya están viendo venir a pasos agigantados.
A menos, claro está, que lo que promueva el señor Iglesias es igualar a todos los españoles en la pobreza, en cuyo caso sería muy conveniente que empezaran por dar ejemplo él mismo y su compañera, Inés Montero, dejando su mansión, casoplón propio de un millonario y asumiendo el rol que le correspondería como defensor del proletariado. Resulta muy cómodo predicar desde la opulencia, cobrando sustanciosos sueldos, dietas, comisiones del Estado y, a la vez, criticando a empresarios, industriales, banqueros y personas profesionales por no ayudar más y, en algunos casos, como en el del señor Ortega de Zara, cuando hacen donaciones extraordinarias para hospitales, también se le critica por hacerlo. ¿En qué quedamos, don Pablo?: ¿De qué parte está usted? Nosotros diríamos que a usted se le podría aplicar, perfectamente, aquel refrán tan conocido que dice: “ande yo caliente y ríase la gente” o lo que es lo mismo: Usted es un  hipócrita redomado que, mientras se da la gran vida pretende que, con sus engaños, los que están en la pobreza lo continúen apoyando ¡El colmo de la cara dura y de la indecencia, ética y moral!
Es evidente que nuestra nación no está en condiciones de embarcarse en una aventura en la que sea el Estado quien asuma la dirección de nuestra economía, pretenda adelantar acontecimientos precipitándose en tomar decisiones de carácter social con el sólo objetivo de conseguir asegurarse votos, sin preocuparse previamente de si nuestra tesorería, nuestra deuda pública y nuestro déficit estatal y autonómico están en condiciones de afrontar que nuestros PGE, todavía sin aprobar, puedan asumir una carga extra de 6.000 millones de euros, como alguien parece que estima que sería la repercusión en las arcas del Estado, de esta renta mínima vital, para más de un millón de beneficiarios, como se estima que pudieran ser los ciudadanos que se pudieran beneficiar de esta mejora. Y todavía quedaría por resolver si, en el estado actual de nuestro país, sometido a las consecuencias de la pandemia y con los funcionarios encerrados en sus casas, sería posible hacer un censo fiable de aquellas personas que, en realidad, tuvieran verdadero derecho a ser los legítimas beneficiarias de la ayuda, distinguiéndolas de aquellas otras que pretendieran sacar provecho del beneficio, siguiendo la habitual costumbre de aquellos ciudadanos que siguen formando parte de la característica picaresca propia de aquellos relatos de El Guzmán de Alfarache o El Lazarillo de Tormes.
Hemos escuchado, con atención, la entrevista que le han hecho, desde el programa de Herrera en la Cope, al señor J.L. Escrivá ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones del Gobierno de España y, si tenemos que ser honestos, lo primero que nos ha chocado ha sido el visible nerviosismo del señor ministro ante las preguntas que se le iban formulando por los distintos miembros de la tertulia. Por una parte el señor Escrivá hablaba de que la crisis actual era algo puntual y transitorio, pero por otra era incapaz de calcular el tiempo que iba a durar, sus consecuencias económicas que, según algunas de sus palabras, se superarían tan pronto cuando remitiese el coronavirus pero, en otros momentos, era incapaz de calcular el coste que para la economía española iba a tener el haber estado en paro económico un tiempo que todavía nadie es capaz de concretar. Y ante este panorama, el señor ministro veía normal que el gobierno del señor Sánchez se embarcara en una campaña de subvenciones, ayudas, mejoras sociales y, por encima de todo, la implantación de una renta mínima vital que podría suponer tenernos que endeudar en unos 6.000 millones de euros cuando, por otra parte los ERE y ERTE que están presentando las empresas como consecuencia de la pandemia que nos azota. ¿Hasta cuántos millones de euros podrá dispararse nuestra DP, si ya se estima que podríamos llegar, en unos pocos meses, al 113% de nuestro PIB?
Según informa el rotativo catalán La Vanguardia: “Sólo en Catalunya se han presentado 58.843 expedientes temporales, con 459.200 trabajadores afectados. La comunidad de Madrid ha recibido la solicitud de 32.000 expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) - que afectan a 175.000 empleados-, a los que se suman los 1.996 expedientes registrados en la Comunidad Valenciana -con 98.643 trabajadores afectados- y los presentados en el resto de comunidades autónomas. El balance total es superior a 762.011 trabajadores.” Ante estas noticias queda evidenciado que la fortaleza de nuestra economía y la recaudación de impuestos que tuviera previsto el Gobierno, para poder atender al enorme aumento del Gasto Público que contempla en sus planes sociales. Por otra parte, no parece que, ni a nivel de nuestra nación ni, tampoco, por lo que respeta al resto de países afectados por el coronavirus, los datos de rebrotes, aumento de contagios y muertes que se nos están dando (muchos de ellos inferiores a los reales) nos permitan mirar con optimismo los meses venideros con lo que, todo ello, pudiera llegar a repercutir en la economía mundial de la que, España, como es evidente, no puede estar ajena.
Y en esta tesitura aparece el mago Merlín, el señor Pedro Sánchez, para intentar, como es habitual en él, salirse por la tangente en busca de socializar la situación de gravedad extrema a la que, con sus sandeces y notable incapacidad para dirigir el país, nos ha conducido,  buscando repartir la responsabilidad de sus errores con aquellos partidos que nada han tenido que ver (por haber sido excluidos totalmente de las decisiones tomadas por el gobierno filocomunista) en sus decisiones, proponiendo un gran pacto nacional, sólo que, no se pierdan la astucia de este señor, de modo que, todo lo que sucediera en España a partir de la firma del pacto, nuevos pactos de la Moncloa como se los ha querido denominar, ya no se le podría achacar al Gobierno, sino que ya sería una responsabilidad  colegiada, con la doble finalidad de que, valiéndose de la cortedad que vienen demostrando muchos españoles respecto a memorizar situaciones que no les interesan y pretenden olvidar ( si se trata de los partidos de izquierdas, por supuesto), la ciudadanía le perdonara sus gravísimas responsabilidades en cuanto al tratamiento de la epidemia del Covid19, con los miles de muertos que ha producido, y, la segunda, atribuirse el haber conseguido llevar a su terreno a partidos de la derecha como sería el caso del PP y Ciudadanos ya que es evidente que con VOX no tendrían nada que hacer; haciéndoles compartir las consecuencias sanitarias y especialmente económicas que es obvio que van a ser muy duras, una vez se consiga acabar con la pandemia, si es que el famoso aplanamiento de la “curva”, como se nos viene machacando, se produzca dentro de un plazo razonable puesto que, si se alargara mucho más, mucho nos tememos que los resultados iban a ser catastróficos para toda la humanidad.
O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la desagradable impresión de que, con Coronavirus o sin él, como no se aparte de la escena política a este Stalin de vía estrecha, pero con sus mismas malévolas intenciones, que es el señor Pablo Iglesias, es obvio que el resto de legislatura que nos espera tiene todos los visos de formar un verdadero Vía Crucis laico que, mucho nos tememos que, si el señor Casado y su PP no se dejan de zarandajas, discusiones internas o enfrentamientos con el resto de partidos, Ciudadanos y VOX, lo más probable que suceda es que, finalmente, acabemos formando parte de este grupo de naciones destinadas a quedar fuera de Europa, por ser incapaces de cumplir con los requisitos para seguir formando parte de la UE. Y es que, como dice el aforismo latino: vulnerant omnes, ultima necat, mucho nos tememos que la serie de desaciertos a los que nos hemos ido acostumbrando, cometidos por Sánchez y su gobierno, el actual auge de Iglesias en lo que hace referencia a su poder sobre Sánchez, nos hace barruntar que estamos a punto de este último golpe que es el que puede rematar la decadencia de nuestra nación.

Miguel Massanet Bosch.

Etiquetas:Coronavirus