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FELLINI: LA DOLCE VITA

Fidel García Martínez
Se recuerda este año el centenario del nacimiento, del que es sin duda, el director de cine italiano más celebrado y uno de los más estudiado  por la complejidad de sus películas que se mueven entre lo  personal y biográfico y  la crítica política- social. Federico Fellini. Nacido  en Rímini, hoy sede de los grandes encuentros de Comunión y Liberación  que tanta importancia tiene en el panorama cultural italiano.
Educado `por su madre, Barbiani mujer temperamental y piadosa,  en la fe Católica, fue un niño y adolescente,  practicante, recibía con frecuencia los sacramentos de la confesión y comunión. Estas vivencias marcarían profundamente su vida y sus películas. Se traslada a Roma y allí conoce el mundo de la farándula y de la bohemia, lo que supuso para él una crisis en la forma de vivir y  su relación con la Iglesia Católica, que se encontraba en un momento de renovación conciliar. En este contexto cultural y religioso hay que situar su película más celebrada y más comentada aunque no la más representativa, La dolce vita, que fue recibida con profunda división  no sólo en el ambiente eclesiástico, sino también por el ambiente cultural. En el cine de Fellini  se percibe una triple temática persistente: la niñez, la adolescencia con toda su problemática, y la dimensión transcendente religiosa. Un siglo después la universidad de los Salesianos de Roma, expertos en el mundo del cine, del cual san Juan Bosco es  patrón, han dedicado unas conferencias sobre la problemática religiosa del cine de Fellini, y han concluido que sin la dimensión trascendente religiosa su cine resulta menos inteligible. La Gran película Amarcord es una clara apuesta   por salir de la niebla existencial, como símbolo de la oscuridad de la Fe y dar sentido a la vida.