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Diario YA


 

Quieren matar nuestro medio de vida

El turismo supone el 18% de nuestros PIB, pero cerca del 40% de nuestro sector productivo

Luis Losada Pescador

Los Garzón que en el mundo son consideran que el turismo es un sector “de poco valor añadido”, que España debe dejar de ser un país de servicios. No sabemos si su alternativa es convertir a España en un gigante Silicom Valley o creen que hay espacio para un perroflautismo cultural para toda la piel de toro. Pero eso de poner cafés al jubilado alemán o británico no les gusta. Así que apuestan por asfixiarlo.

Teniendo en cuenta que el turismo es el 18% de nuestro PIB y que prácticamente el 50% es sector público, estamos hablando de casi el 40% de nuestro sector productivo. Y lo quieren asfixiar. Insensatos.

La decisión de Sanidad de confinar durante 14 días a todo extranjero que nos visite es tanto como decirle que mejor se vaya a Yugoslavia, Italia o Marruecos. De momento, las empresas turísticas ya cayeron en bolsa 3.000 millones de euros. ¿Estamos locos?, ¿no sería mejor controlar la temperatura a la llegada o exigir ‘pasaportes sanitarios?, ¿es que alguien se cree que podemos pasar un solo año sin turismo?

Y claro, Francia aplica reciprocidad y nos exige lo mismo. No sólo eso sino que destina 18.000 millones para apoyar a su turismo. E Italia, primera potencia en patrimonio artístico, pero con menor peso del turismo en su riqueza nacional que nosotros pagará bonos de 800€ por familia para que practiquen el turismo interior y salven la temporada. Total: 5.000 millones euros. España: cero euros y palos en las ruedas. Ya somos europeos.

Estos progres de piel fina se rasgan las vestiduras por un sector que -dicen- nos convierte en ‘chachas’ de los europeos. Si fueran ‘progres’ de verdad se darían cuenta de que se trata de una industria limpia y humana. No sólo servimos el café a los jubilados alemanes, británicos y holandeses. Les ofrecemos servicio de fisioterapia, una gastronomía única y variada, un ocio incomparable y una seguridad inexistente en otras partes del planeta.

Nuestra ventaja competitiva -sin ninguna duda- es esa. Tenemos un patrimonio artístico que todavía no hemos puesto en valor. Tenemos unas infraestructuras comparables -o mejor- a los países más desarrollados. Nuestros establecimientos hoteleros le dan mil vueltas a cualquiera del mundo. Nuestros hoteles tres estrellas son cuatro o cinco estrellas fuera de España. Nuestra policía y guardia civil garantizan un pase tranquilo. Nuestros hospitales ofrecen la seguridad de una atención de primera si algo pasara.

En definitiva: somos imbatibles en turismo. Y en lugar de apostar por la hibernación en España, la prolongación de las estancias, el incremento del gasto diario, el turismo cultural de mayor calidad, el aprendizaje universal de idiomas, la promoción única de España en el exterior, la mejora de la cualificación del personal o la modernización de los pequeños negocios nuestro gobierno se dedica a poner palos en las ruedas porque no le parece suficientemente digno.

Digno debe de ser vivir en un chalet de Galapagar y ‘predicar’ la redención de los pobres. ¿Pero quién se creen que paga ese chalet?, ¿cómo se van a redimir los pobres si no es trabajando y prosperando en su profesión? La utopía ideológica produce hambre. Mucha hambre.

El anzuelo del pescador

Comercio, otra puntilla. El filósofo Illa prohíbe las rebajas “para evitar aglomeraciones”. Quizás pretende apuntillar al comercio tradicional frente al comercio electrónico de las grandes multinacionales… Progres de salón.

Bandazos Celáa. Tras la ‘boutade’ de la vuelta al cole al 50% la ministra de Educación –‘killer’ de la educación especial- tira la toalla: que las CCAA hagan lo que quieran. ¿Mando único?

Criterios ‘técnicos’ de la desescalada. Los ciudadanos vascos se pueden mover entre las tres provincias vascas pero el resto no puede salir de su provincia. Madrid no pasa a fase 1 pero Cataluña tendrá un plan a lo ERC. Se laman “criterios técnicos”, pero en realidad son políticos.

Represión policial. El gobierno pretende acallar la disidencia con represión policial. Se equivocan. Fracasarán. Porque el sol no puede taparse con el dedo y la “obediencia debida” tiene las patas judiciales muy cortas

 

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