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Taiwan, una nación sin complejos

Alexis Beck Fortuny. El próximo 20 de mayo, tomará posesión Tsai Ing-Wen como presidenta de la República, primera mujer en la historia de esta nación en ocupar este cargo, tras el triunfo en las elecciones generales del pasado 16 de enero del Partido Democrático Progresista (PDP) que afirma de iure la independencia que de facto disfruta Taiwan desde 1949. Su Vicepresidente será Chien-Jen Chen el primer católico en asumir tan alta responsabilidad. A su vez, su partido, PDP, triunfó con mayoría absoluta en las legislativas.

Teniendo en cuenta, la pérdida paulatina de libertades de las dos regiones administrativas especiales de China Popular, es decir la antigua colonia portuguesa de Macao y la inglesa de Hong Kong, como recientemente recordaba el cardenal Zen Ze –Kiun, no están los taiwaneses con intenciones de alimentar ninguna aventura de integración en el sistema comunista chino, por mucho que la economía sea de capitalismo salvaje, ni de fiarse de las promesas de aquellos que conservan una ideología que admite la mentira, además de la violencia, como medio válido para su revolución permanente. La destrucción en la China continental, en estos dos últimos años, de cerca de quince mil cruces es una muestra palpable de que el comunismo no puede cambiar su ADN.

Aunque los nativos de las montañas de Taiwan, antes y después del dominio chino, disfrutaron de una total independencia para los más cercanos a la costa, no siempre fue así. España permaneció en el Norte insular 16 años (1626-1642) y, Holanda, 38 años en el Sur (1624-1662) de los cuales los últimos 20 también dispuso del Norte. Posteriormente a estas dominaciones, disfrutaría de la independencia total algo más de 20 años durante el denominado reino de Tungning (1662 – 1683). Taiwan sufrió el control chino durante 200 años (1683 – 1883), una parte fue conquistada por Francia en un dominio exiguo de un año (1884 – 1885). Retornado, el poder chino no demostró mucho apego a la isla cuando, un tiempo después, el 17 de abril de 1895, fue cedida a Japón lo que produjo una reacción popular en la que se consiguió que, la antigua Formosa, fuera 184 días, nuevamente, independiente.

El dominio nipón se extendería a lo largo de 50 años, hasta la finalización, en 1945, de la II Guerra mundial cuando la isla volvió a estar bajo la soberanía china del Kuomintang de Chang Kai-shek, y, de iure, hasta su renuncia formal en 1952. Desde 1949 hasta nuestros días, disfruta, la que denominábamos China Nacionalista del generalísimo Chang Kai Shek, oficialmente República de China, de una real independencia, aunque, en aquellos momentos, su propio Jefe de Estado soñara con la conquista de la China continental. Por otra parte, la huida de su ejército del continente asiático supuso una invasión de chinos que dejaron en una definitiva minoría a los indígenas de la isla.

Por tanto, en toda su historia, la ínsula formosiana ha sido 90 años, independiente; 50 años dependiente de Japón; 40 de naciones europeas, y algo más de 200 años de China cuyos gobiernos sucesivos desde 1895, 121 años, no han ejercido control sobre la isla. Demasiados lustros que justifican que los independentistas se acojan, entre otras razones históricas y políticas, a que el Tratado San Francisco no establecía a quién debería entregarse el territorio insular.

La pretensión del gobierno de la China comunista de aplicar la solución, a Taiwan, de considerarla región administrativa especial, como las dos ya existentes, no es de recibo pues siendo verdad que Macao fue administrada por Portugal durante 442 años no todos fueron de soberanía lusa- 60 de ellos de España durante la unificación de las dos naciones ibéricas- pues hubo que pagar tributo a China durante bastante tiempo, y siendo, a su vez, cierto, que Hong Kong no estuvo gobernada por China durante 155 años (1841-1997), también lo es que desde el 221 antes de Cristo ambos territorios eran chinos (restos arqueológicos de cultura china existen de miles de años antes) algo que no se puede decir de Formosa donde sus nativos gozaban de la tranquilidad de su propio paraíso, durante siglos hasta el primer cuarto del XVII, y donde aquellos (2% de la población) y los descendientes de China (20% también con ascendientes nativos) desean, mayoritariamente, vivir sin injerencias continentales.

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