Principal

Diario YA


 

Teatro Real: Mortier II parte

José Luis Jiménez. 12 de diciembre.

La semana pasada indicaba, al concluir mi comentario sobre la presentación del señor Mortier, que quedaban algunos aspectos a destacar. Desde luego habrá que analizar con detenimiento su labor a partir de enero de 2010, fecha de su incorporación. Pero como se ha vendido su llegada a Madrid con tantas ínsulas, no está de más algunas puntualizaciones, según mi criterio. Lo primero es que ya va a llegar rodado. Tanto en el aspecto de conocimiento de los españoles, no en vano dijo que se tomaría cuatro meses sabáticos para recorrer nuestra geografía, aprender el idioma y contactar más estrechamente con la realidad musical española. Como, posiblemente lo que por aquí, y por allá, se respire. Lo que quedó claro es que nos encontramos ante un vendedor. Primero de si mismo, después de sí mismo y, después quién sabe. Dentro de su política anterior de tratar de mostrar de una forma patente por dónde encamina sus pasos, se ha recordado la fotografía que tenía en su despacho de Salzburgo de Thomas Bernhard. Con lo que quería dar a entender que estaba en contra del provincianismo local y temas similares. Pero nunca hizo que se representaran sus obras. Hubo que esperar a su salida para que se hiciese. Por lo tanto, al menos en algunos aspectos nos encontramos ante un vendedor de humo. Como político al uso. No sé porqué me trae recuerdos del actual presidente del Gobierno español.

Parte de la base de que está en posesión de la verdad. Y eso es delicado. Especialmente cuando se desprecia, aunque sea parte de una pose, a los que no piensan como él. Tanto de público como de crítica. "Hay que proteger a la ópera de los amantes de la ópera", ha declarado en su visita. ¿Y los que, quizás, se quieran proteger de él? Éstos no tienen ni idea, son unos paletos y no están con el futuro. Más o menos es lo que viene a decir. Pero no sólo aquí. Y lo que ha quedado claro es que llega con todas las bendiciones. No hay más que recordar la postura y declaraciones de los distintos responsables. Desde el señor Presidente del Patronato hasta Juan Carlos Marset, director general del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música (INAEM) que, ni corto ni perezoso, ha declarado su satisfacción por la incorporación de << el más importante director de ópera del mundo>>. No nos mereciamos menos.

Uno de los aspectos más destacados es el de la Dirección Musical del Teatro. Han accedido a sus exigencias y ya no aparece esa figura en el organigrama. El señor Mortier dice que no es necesaria. Que es mucho mejor que exista un sistema rotatorio. En esto no estoy de acuerdo en absoluto. Por varias razones. La primera que, en la actualidad ya existe la figura del director invitado. La segunda es que es imprescindible que la orquesta tenga una disciplina y se atenga a un sistema que, necesariamente, viene por alguien que esté imponiendo un criterio y una línea a seguir. Curiosamente detrás aparece el nombre de Sylvain Cambreling. Es como su ayudante de Corte, Mortier quiere parecerse a Carlos V. Con lo cual queda la sospecha que esta parcela la tendrá controlada con alguien que está a su total servicio, artístico, claro. ¿Cuántas funciones le serán encomendadas? El tiempo lo dirá. Y, por otro lado, no habrá la mínima sombra sobre la labor de la dirección del Teatro. Aunque, ya me respondió en la presentación, que no le tiene miedo a nadie. Habló de varios nombres como posibles directores en momentos puntuales. Entre ellos el de Pedro Halffter Caro. Del que dijo: <<me han hablado muy bien de su trabajo>>. Era uno de los nombres que sonaron como posible director musical, y al que el señor Marset parece que le tiene una especial predilección y con el que parece que tiene una gran amistad.

El señor Mortier se va a encontrar con varios retos. Uno de ellos puede ser el del público. Al menos una parte de los asistentes y abonados han sido zarandeados por él. Se los tendrá que ganar o, al menos, aceptar sus posible críticas. ¿Su personalidad se lo permitirá? Otro, el de algunos nombres muy acreditados en el bel canto, como Plácido Domingo, Marcelo Álvarez o Juan Diego Flórez, que no parecen comulgar con sus ideas. ¿Los veremos en Madrid a partir del 2010? Y, por último, el presupuesto. El motivo de su no ida al New York City Opera ha sido el recorte del dinero previsto. Aunque las malas lenguas han dicho que ese recorte se lo han planteado para que no fuese. Aquí tendrá que "apretarse los machos". Ya se ha hecho público el del Real, 54,7 millones de euros. En el próximo ejercicio se ofrecerán 100 representaciones de ópera, 11 operas en concierto, 13 de ballet y 6 recitales de grandes voces. Además de todas las actividades que se llevan a cabo. Parece ser que lo invertido en París, cuyo Teatro de opera dirige Mortier, en el último montaje de Tristán e Isolda, ha sido de tres millones de euros. Le deseamos todo lo mejor. Y que no sea un "Bienvenido Mr. Marshall". Por nuestro propio bien. 

  

Etiquetas:josé luis jiménez